Nota: Este escrito fue realizado con la intención de hacer un reconocimiento al pensamiento en general y al aporte que considero más importante de Wittgenstein: Mundo. Obviamente no es un trabajo en estricto sentido académico, pero sí es una reflexión personal del valor de este pensador. Es así que lo enfoco al tema del congreso para el que fue hecho: “Releyendo a Wittgenstein”. Esperando que se realice éste, trataré de releer a Wittgenstein en la actualidad, evitando los academicismos que a veces no aterrizan a la humanidad que los necesita.
Releo a Wittgenstein
Sin duda, afirmo que leo a Wittgenstein. Al autor de ese breve prólogo en el que peregrinan todas las ideas del Tractatus.
A pesar de que mis lecturas, por el momento, han estado dedicadas a esta pequeña obra (que persiste en las posteriores), parece que he leído toda la Filosofía habida y por haber.
El título del coloquio me invitó a expresar las anteriores palabras, “releyendo a Wittgenstein”, como él mismo lo dijo: “desde tu propio pensamiento”.
He dado al traste de que su Filosofía impone un límite casi imposible de rebasar por la propia Filosofía. Quiero decir, es poco probable no pensar el mundo como él.
“El mundo es todo lo que es el caso” (T. L. P. 1), señala una concepción objetiva, que se acerca a la verdad mediante reflexiones alejadas de la justificación científica o metafísica. Parece la más absurda, pero es la que los filósofos de todos los tiempos han buscado y por la cual han escrito tratados y miles de páginas sin encontrar una respuesta categórica como la que Wittgenstein dio en sólo una oración.
Respuesta que el mundo ha buscado para relacionar sus culturas sin necesidad de conflictos, integrar sus pensamientos en las infinitas responsabilidades y lenguajes que son causa de intereses individuales por los cuales Ludwig nunca peleó.
Pensamientos que él entendía como nuestro mundo, como el límite de lo que expresar se puede. No podemos pensar más allá, no podemos dar un valor de verdad a una creencia tan importante de Dios o del Ser porque eso va más allá de nuestras propias herramientas. Sin embargo, en este pensamiento se muestra todo lo místico, Dios y el Ser.
Antes de seguir la lectura, cabe aclarar que mi texto no es propio de un problema. No, porque es más interesante plantear problemas y discurrir sobre ellos que tratar de solucionar uno solo y hacer muy limitada la estructura del trabajo. Es decir, hablar de un solo tema me sería redundante, además de que tendría que hacer lo contrario a lo que el vienés hizo: Citar y pensar desde las citas.
¿Hasta dónde llega Ludwig Wittgenstein con sus proposiciones?
Rebasar los límites de lo posible es una de las intenciones ocultas en este tipo de pensamientos. Estar en el borde de lo que es uno como mundo y encontrarse con que más allá puede haber algo más, o hay algo.
La voluntad, como Wittgenstein afirmó, es aquello que posibilita rebasar los límites del pensamiento. Es encontrarse con el más allá del lenguaje, con lo que se da por llamar experiencias místicas o estar fuera de…, en un estado único fuera del mundo.
Lo más cercano a ese estado es el arte, donde la voluntad y la moral trascienden los niveles normales de existencia comunicando a otros mundos configurados por el contexto real y la creación propia del humano. Pero aún así el nivel propio de la realidad no se puede violentar, no podemos conocer con certeza lo que hay más allá de la realidad en la que estamos.
Conocemos e inventamos mundos, pero nunca realidades. La realidad virtual es un tema a discutir en este tipo de planteamientos, aunque no es nada diferente a la realidad concreta, tan sólo es una copia que trata de llegar a donde normalmente no se puede (Por ejemplo, Second Life).
Wittgenstein está conciente, entonces, de que existe sólo una realidad (por lo menos eso se muestra por la lógica). Contrario a su idea de mundos, donde existe mi mundo, tu mundo, el mundo. La realidad como aquello que existe aun a pesar de que los ojos humanos estén cerrados, el mundo como ese pensamiento individual y/o colectivo que forma culturas y conciencias.
Surge el problema protagonista de mi texto: ¿Cómo hacer que estos mundos se relacionen sin dejar de ser lo que son en su individualidad? Vemos a sujetos interfiriendo en culturas que no son propias de él, tratando de cambiar pensamientos ajenos a su contexto, haciendo maniobras en contra de quienes piensan lo contrario, coartando expresiones, en general, eliminando cualquier palabra que no convenga a su mundo.
Como mundos: ¿Por qué no podemos pensar, creer cada quien lo que quiera?
El relativismo en el que en algún momento clasificaron a Wittgenstein queda expuesto. No existe tal, el reflexionar sobre distintas culturas, pensamientos, mundos, no es otra cosa que preguntarse por la compleja maza de ideas existentes. Estar concientes por la capacidad de otros por desarrollar lo propio, además, respetar su historia y contexto espacio-temporal. (En el Tractatus no hay algo que se pueda calificar de justificaciones morales, hay proposiciones éticas, pero no instrucciones de cómo comportarse.)
Porque esa fue siempre la meta de la obra, analizar y aclarar los pensamientos, entenderlos. Y el que estos sean distintos en cuanto a lo que cada uno conoce, no significa que haya que eliminar a los que no coinciden.
La existencia del relativismo, si acaso existe en Wittgenstein, sólo se puede referir a la divergencia de pensamientos pero no a la moral del sujeto, no a la realización de sus pensamientos.
Por qué no releer también de esta forma a Ludwig Wittgenstein, donde más nos puede ayudar en la actualidad.
Releyendo a Wittgenstein
Nuestro autor fue el humano magnífico que trataba de pensar todo y expresarlo en una sola frase. No intentaba justificar nada, hacerlo derrumbaría la tarea reflexiva de la propia Filosofía y la colocaría como la juez, no como clarificadora de los pensamientos.
El autor del Tractatus, en este sentido, definió el concepto mundo. Es posible que las meditaciones sobre éste en Wittgenstein ya estén agotadas y pasadas de moda. Pero el “Mundo” indica lo contrario, cada vez desaparecen culturas y tradiciones invadidas por el poder demagógico de otras. La individualidad y aislamiento tan importante para la estructuración de una cultura evitan grandes formas de pensar. El progreso se ha vuelto negativo, por lo tanto sus efectos.
Allí reside la importancia de un filósofo como Wittgenstein, quien a pesar de su poca tolerancia, definió el Mundo como el dicho popular afirma: “Cada cabeza es un mundo”.
Por Jorge Esteban López García

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