viernes, 3 de julio de 2009

Autoridad e Individuo una Reflexión Contemporánea


La obra de Russell titulada Autoridad e Individuo, una antología que permite comprender la llamada democracia, hace un análisis de la sociedad, gobierno, ciudadanos y gobernantes, además de toda la problemática que se desprende de su relación. Me sirvo de esto para plantear el problema de este texto y reflexionar sobre nuestra actual situación.
Al igual que en el Contrato Social de Rousseau, el texto de Russell hace un estudio muy sencillo pero profundo de la formación de las sociedades y su integración como pueblos. Así mismo, repasa el desarrollo de la política y ahonda en la relación entre individuos y estos con la autoridad o gobierno.
Para hacer la preocupación de Russell propia de nuestro tiempo y realidad, me permitiré definir los conceptos: Autoridad e individuo, que sirven a este texto como problema y solución; también agregaré: Gobierno y sociedad, que aunque no son profundizados explícitamente, su importancia se hace mayor en tanto se habla de individuos que se relacionan entre sí y forman grupos en donde se hace necesario un orden.
Autoridad en el contexto de la obra, que al igual que la cohesión social se da por naturaleza e instintivamente, es la capacidad de tomar decisiones grupal o personalmente del individuo. Russell habla de Individuo como una parte esencial en la comunidad, pues éste es quien, mediante su individualidad o agrupación, posibilita el progreso y éxito del gobierno. Gobierno lo define como el mecanismo de organización entre individuos para tomar decisiones en beneficio de la sociedad. Sociedad es definida por Russell como la unión de dos o más individuos, que por características propias del humano e instintivamente, buscan sobrevivir y progresar.
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Las sociedades se forman mediante individuos que por razón de sus necesidades, lenguaje, costumbres, conocimientos buscan distintos fines. Uno de esos fines, en principio, fue la supervivencia ante los fenómenos de la naturaleza y la naturaleza misma y después frente a otras sociedades. Luego, ya como grupos sociales, los objetivos se extendieron a la obtención práctica de la comida, a la búsqueda de protección y seguridad, y al desarrollo de la comodidad. Esto mismo provocó no sólo que sobresalgan los sujetos más fuertes, sino los más capaces en todos los sentidos, quienes serán señalados como líderes o buscarán serlo. En esta etapa de las sociedades se plantea ya lo que es el individuo como ente que participa de un grupo social encaminado por otro individuo o individuos, y la autoridad que se le da a estos para dirigir.
Más adelante se dieron convivencias y disputas entre grupos, que fusionados y más grandes cambiaron sus modos de manejo y, por lo tanto, sus líderes. Así, hasta llegar a los gobiernos, integrados por individuos que obtienen el privilegio de dirigir los destinos de la comunidad. Es en este punto donde Russell concretó su reflexión, en la relación y definición de Autoridad e Individuo, tanto en lo práctico como en lo metafísico.
Russell realizó un estudio de las más importantes formas de gobierno, desde su formación hasta sus implicaciones en el desarrollo de las comunidades. En el caso de la reflexión propia de este escrito, el problema se plantea de la siguiente forma: Las comunidades están formadas por individuos, mismos que pueden ocupar un espacio dentro de la autoridad gubernamental, lo ocupan si demuestran ser capaces; la autoridad que se le da al individuo supone el poder dirigir los destinos del pueblo y garantizar la sobrevivencia y progreso del mismo. Hace cientos de años, las grandes civilizaciones no elegían a su gobernante, éste se ganaba el puesto o lo heredaba; a veces, el pueblo confiaba en él a pesar de que se le imponía o sólo se resignaba. Avanzado el tiempo, los medios para instalar gobiernos cambiaron poco, algunos también eran impuestos, otros ya eran elegidos por un grupo o por el pueblo entero.
Muchas reflexiones se han dado a causa de esto, algunas aseguran que la monarquía es la mejor forma de gobierno, otras dicen que la oligarquía, hay las que hablan de anarquías, y en la actualidad hablamos de la democracia, que se ha mostrado en sus dos caras: capitalismo y socialismo, dos corrientes que afirman escuchar al pueblo para gobernarlo con éxito. Discursos que tienen que ver con: Mayor progreso, mejor dominio, la subsistencia, en general, las estrategias para bien gobernar.
Actualmente, hablamos de progreso en la Política (por lo tanto, en los gobiernos), la que se define, también en la actualidad, como el proyecto de ciudad, o de país, o de estado, o de municipio, y en la que están integrados todos los individuos que pertenecen a cada uno de esos estatus comunitarios. También discurrimos sobre nuestra forma de hacer política, que al igual que en la antigua Grecia, llamamos democracia y que en estos tiempos se define como el gobierno de todos y cada uno de los individuos. Esto nos hace pensar que en toda política hay autoridades y hay individuos, que siendo esclavos o no, perteneciendo a una dictadura o no, siendo parte de un gobierno donde todos o sólo uno deciden, existe la relación de autoridad e individuo para el funcionamiento del gobierno y el éxito de la Política. Entonces, la problemática de nuestros tiempos y de este texto queda planteada en la siguiente pregunta: Cuál es el papel del individuo y la autoridad en nuestro tiempo, y cómo conjugar a los dos para, por lo menos, entender el papel de la política en nuestra vida.
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Para Russell el individuo tiene un papel necesario en la ciudad, pero es un individuo que a pesar de ser esclavo contiene su libertad y capacidad de elegir u opinar, o no siendo esclavo, tiene también esas capacidades y las puede usar. Como integrante, es necesaria su existencia, de él depende una parte del avance de las labores diarias que le servirán a sí mismo y a los demás. Entonces, esto le garantiza y genera derechos y obligaciones, las cuales serán determinadas por cada individuo en base a su actuar. Hecho que nos lleva al concepto de autoridad, la cual se gana mediante las aptitudes y resultados.
Actualmente, nuestros problemas ocurren por la provocada confusión de estos conceptos: Autoridad e Individuo. El primer concepto -en la actualidad-, se manipula quedando como la dominación del individuo, provocando una clase de esclavitud ya sea física o intelectual con la que se mantiene el sistema. El segundo concepto -también hoy en día-, se define como el sujeto dominado, que es preciso redefinir para eliminar la misma alienación, para descomponer las cadenas que hacen depender al hombre de la autoridad.
Hablando con el sentido común, aquél tan respetado por Russell, es obvio que el sistema se hace por las condiciones que el individuo presenta, que éste sea quien ajuste el sistema para su bienestar y no el sistema acondicione al individuo. Esta condición permitiría que cada uno de todos los que componen las sociedades, generen el gobierno democrático (en el sentido actual) que pide la utopía de la verdadera política contemporánea.
Como es natural, el humano presenta las características animales que le ayudan a buscar la supervivencia, que le orillan a pelear por el liderazgo del grupo, todas esas particularidades que tal vez hicieron decir a Hobbes ‘el hombre es el lobo del hombre’ y que hacen el problema de la Política un problema Metafísico, son las que enfrentan a las sociedades.
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La Política se hace, como la Filosofía, por una necesidad, en éste caso, de comprender lo que pasa en la comunidad y proponer sus mecanismos de funcionamiento. En la actualidad, voltear a la práctica política no ayudaría a responder, pero si reflexionamos, entenderemos que es el individuo quien puede hacer que funcione bien un gobierno.
Cuando Russell dice que el sistema se debe acondicionar al individuo y no al contrario, está expresando uno de los principios de la democracia, que no es populista, sino la correcta forma de observar cada uno de los engranes que hacen funcionar un reloj. Correcta porque la democracia definida, significa eso, el gobierno del pueblo no el pueblo del gobierno.
Ni en México ni en otro país está claro este tipo de argumentos, puesto que la individualidad ha sido superada por el egoísmo y el interés personal. El sistema opacó el funcionamiento natural de las sociedades, relegando al individuo al mero conteo de su trabajo y no al escrutinio de su opinión política, mucho menos a la observación de su modo de vida.
Aquellos individuos que gobiernan, la mayoría, tan sólo son parte del tornado que han hecho del sistema, es decir, son parte de lo que se dejó arrastrar. Significa que la ambición y la codicia por el poder, por el dinero, han violentado el funcionamiento normal de los pueblos, separando individuo de autoridad e incluso haciendo desaparecer la autoridad.
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Russell como Rousseau, hicieron su estudio político haciendo referencia a un contrato social, que generara los mejores líderes y un pueblo con voz y voto. Todo esto se da de forma natural, es parte de la maquinaria que hace funcionar las sociedades. No es que se firme un contrato, tampoco que se imponga, solamente sucede.
Comprender el problema que la relación Autoridad-Individuo tienen en la actualidad, creo que ayudará a mejorar nuestro sistema de gobierno. Comprenderlo nos hará redefinir esos dos conceptos y replantear las formas de convivencia y liderazgo; ilustrará mejores formas de gobernar.

miércoles, 24 de junio de 2009

05/03/2006

Un puro se me antoja, me ayudará a meditar qué haré en este día tan claro y caluroso. Tal vez me tome una cerveza, las condiciones se dan.

Ayer me dormí después de haber dibujado bastante y de leer a Hemingway, exactamente dibujé personas, un rostro de mujer color amarillo, que pienso me quedó muy bien texturizado. Además de unas cuantas personas paradas, sentadas, unos dibujos eróticos que, sin querer, me salieron. Cuando sucedió esto, pensé en Picasso y en su justificación más absurda, “yo no busco, encuentro.” Raúl Anguiano y el mismo Juan Soriano, se refirieron a él como un imitador de grandes obras, o podríamos definirlo también, como un transformador de estas; lo que se llama ahora, parodia o parafraseo, o lo que los posmodernos, Habermars, llamaron Cliché. Incluso, en estos día, en la BBC, salió una nota sobre este artista español y sus más cercanas influencias, el arte africano por ejemplo, donde hacen una comparación entre pinturas y esculturas de este continente, todo esto en el contexto de una exposición preparada para tal motivo.

También leí a Monk y la biografía que hizo sobre mi filósofo favorito, Wittgenstein, a quien en su honor podría bautizar a un gato, como el de Cortazar, con su apellido. Revisaba algunas notas sobre este austriaco, su aislamiento en Noruega y el comienzo inevitable de la guerra en la que participó; su amistad brillante y explosiva con Russell, sobre todo en los últimos momentos. Grandes hombres de los que se debe aprender la disciplina, cosa de la que nunca participaré, por lo menos en mi juventud, pues prefiero vivir para después tratar de reflexionar sobre lo que he vivido.

Sigo pensando en lo de la tesis, ya no me preocupa tanto como el viernes y ayer, ahora sólo trataré de hacer las cosas que me gustan e intentaré sacarle ideas a alguien de mayor experiencia, para que me posibilite una orientación amplia sobre lo que podría realizar. Porque es claro que con ese maestro no podré hacer la tesis, menos si no la lee.

Qué bien, estos días he escrito demasiado, más de lo que hago en una semana. ¿Lograré algo importante? Esta pregunta me viene a la mente por culpa de leer a Wittgenstein, su biografía y demás artículos sobre él. Y es que se la hacía con insistencia, como todo genio. Yo no lo soy, quiero serlo, es en serio, ese Cortázar como me hace reír. Seguiré buscando al genio de la lámpara, dicen que puede estar en tu corazón, pero necesito una cerveza y un puro. Compré unos en San Andrés Tuxtla Veracruz, tienen un nombre muy sugerente: Te Amo. Son muy ricos, se fuman con paciencia, en secreto, mirando el humo por un momento y después introduciéndolo en la mente para que te ayude a pensar. Das un trago a tu cerveza para que las ideas salgan más rápido y ya podrás ver miles de imágenes y ensayos, poemas, cuentos, etc., que te harán llorar.

martes, 8 de julio de 2008

Zosimo Romancero

Irse siempre es hacer algo diferente, reconocer que nunca se estuvo o sólo decir que nunca se debe estar. Puede significar matar un pasado para armar otro que siempre es importante porque lo nuevo lo es. Todo es parte de la vida.
Se van, todos nos vamos a diario hacia lugar alguno. Dejamos esos recuerdos, pero también quiénes nos recuerdan. No lo sabemos, en realidad no y es difícil tratar de adivinar si lo hacen o no.
Tristemente se tienen que aceptar todas las posibilidades, aún las más dolorosas, las que hacen daño, las que intentan matar esos mismos recuerdos. Tal vez nunca nos recuerden o tal vez nunca seamos “recordadores”.
Quisiera inventar una cita, tal vez de un gran escritor llamado Zosimo, la leí en algún libro, me parece que dice: “Te recuerdo todos los días, pero tengo miedo de que tu no lo hagas. Mi memoria está repleta de ti, de lo que eres y de tu rostro que nace de la sonrisa escandalosa de un viento metafísico que nunca conocí tan bien. (Eso me recuerda a las preguntas y respuestas, nunca se revela absolutamente la verdad.) Te recuerdo porque hiciste que te recordara, consciente o inconsciente, hiciste que te evoque como a nadie y a eso le llamo amor.” (Salmos de amor y romance, Libro II, § 1, pag. 346) Cita en la que este gran autor, desconocido para la mayoría del mundo, describe la naturaleza de un bello recuerdo, su causa y sus efectos; a la vez su incomprensión que está tan escondida en lo que aparente ser comprendido.

Zosimo tiene otras citas que son precisas describiendo sentimientos como este, se sabe que él amó a una gran mujer, nunca pudo precisar más que amistad de ella, entre él y ella se colocaba un obstáculo. Éste hizo que la duda le sembrara ideas negativas no sobre ella, sobre la relación sentimental que nunca pasó más allá de algo sensible –por decirlo así-, sino que llegó a ser de amistad profunda. Sobre todo para él, quien la buscaba siempre en sus recuerdos más cabrones, pero todo el tiempo tuvo el velo de la confusión sobre lo que pensaba ella.

Esta cita es muy clara con respecto a lo anterior: “Amé dudando, pero contemplando que amé y que hice lo permisible para que ella diera alguna señal fuerte, amé sin dañar lo que ella deseaba. Sólo amé.” Cuán fuerte es el amor y cuán fuerte es respetar el amor de alguien, ahí reside la duda, la confusión y el dolor.

Obviamente es una forma de pensar muy romántica, pero es el amor más verdadero de alguien hacia alguien. Sacrificar el amor propio por el que tal vez nunca te perteneció. Kieerkegard supo de esto, Van Gogh lo supo, muchos lo saben y sólo se trata de comprender estos romances tan grandes de la vida.


lunes, 28 de abril de 2008

Pensar y reflejar



Jorge Esteban López García
Tlaxco Tlax., 23 enero 2008


Siempre se está dispuesto a tocar la puerta, esperar a que abran. La espera provoca muchos sentimientos, emociones, pensamientos. Multitud de preguntas flotan en la mente, se hace la confusión. Se duda desde antes de tocar, en cuanto se está dispuesto a buscar la casa y la persona, se abandona uno para ir al punto indicado. ¿A ese abandono se refiere Wittgenstein? Al preguntarse como si no existiera la cuestión pero se muestra porque se tiene que mostrar, porque tiene que existir para que se haga posible el mundo, para que tenga sentido. A ese ir a tocar la puerta sin adelantarse a la respuesta, sin esperar una respuesta sino cualquier respuesta; asistir con la intención de experimentar la duda.

Esta reflexión nace de la lectura del libro Wittgenstein y el psicoanálisis de John M. Heaton, en donde se hace una comparación entre la tarea del psicoanalista como un espejo de mentes y la tarea del filósofo que vive en esa mente y la comprende, pero desde aquella perspectiva epistemológica del preguntarse. Al contrario de la obra referida, este ensayo no tratará el concepto espejo, se usará la palabra reflejar a manera de metáfora para comprender la duda y diferenciarla del simple repaso mental, que se pone muy de moda en nuestras instituciones académicas.

El problema en sí reside en la cuestión epistemológica, ética y hasta moral de qué es el conocimiento. Tomando en consideración a Wittgenstein, él da un importante paso al retomar el problema desde la pregunta por el mundo para después llegar a las otras cuestiones que desencadenan implícitamente en la duda.

Wittgenstein nunca habló de la duda como tal, pero sí de las cuestiones más importantes de la Filosofía. En el Tractatus critica las cuestiones del escepticismo y los resultados de la ciencia, por ser “manifiestamente absurdo, cuando quiere dudar allí donde no puede preguntarse,”[1] en el otro caso por dar proposiciones tautológicas, sin sentido pero que son las únicas que dicen la verdad.[2] Es entonces que se decide a expresar que la Filosofía debe aclarar pensamientos, pero para esto hay que tener esa famosa ‘actitud pensante’, el famoso subir la escalera y tirarla.[3] Dudar es una forma de tirar la escalera, parece ofrecer el libro de la vida cartesiano, el abandonarse en el mundo.

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Siguiendo con el tema. Es sobre todo en la segunda etapa del vienés donde hay pensamientos que muestran esta aventura del sujeto. El dejarse ir en el mundo sin esperar una respuesta concreta, eso es el mundo, el sólo vivir y lo que te resulta de eso.

Y la famosa “actitud pensante”, que uno mismo y por uno mismo debe alcanzar, se muestra en la primera etapa, donde es crítico de las proposiciones científicas por el simple hecho de ser expresadas con olor a verdad. Porque al mundo lo abordamos como en espera de algo, queriendo que haya esa luz al fondo que nos ilustre y elimine nuestras dudas, pero como dijo el mismo Wittgenstein en su primer diario publicado póstumamente con el título de Movimientos del Pensar:

La verdad, “es una cosa vacía”, una especie de velo donde el humano se oculta así mismo.[4]

Al respecto explica John M. Heaton una de las proposiciones wittgensteinianas de Cultura y Valor:

“Wittgenstein enseñó que de nada sirve que simplemente se nos diga una verdad si el error sigue en pie. Es necesario encontrar un camino que nos lleve del error a la verdad y para ello debemos zambullirnos en las aguas de la duda una y otra vez:

No podemos decir la verdad, si aún no nos hemos conquistado a nosotros mismos. No podemos decirla, pero no porque aún no seamos lo suficientemente inteligentes. La verdad sólo puede ser dicha por quien ya se siente como en casa con ella; no por quien aún vive en la falsedad, que no hace más que intentar alcanzarla desde la falsedad.”[5]

Con esto, al parecer para Wittgenstein pensar es dudar, pensar es razonar, pensar es una actividad intelectual, pensar es saber y buscar el conocimiento y la verdad. Reflejar es tan sólo decir lo que afuera nos encontramos, confluir ideas a modo de repaso, apuntar sin preguntarse.

Sin embargo la duda no es fabricada, no es algo que se compre. “El pensamiento no es una línea de producción. El “pensamiento” compulsivo, generalmente experimentado como algo que está en la cabeza y que dista de ser claro, no es lo mismo que una actitud pensante.

Nadie puede pensar un pensamiento por mi, así como nadie puede ponerse mi sombrero por mi.”[6]


La duda es una forma de mostrarnos pensantes, pero en esa actitud que se toma de abandonarse en uno mismo. Ésta sólo se da como la luz del día, pues las sensaciones que la realidad provoca en los seres humanos son tan profundas –la sorpresa- que nos abandona a un estado de confusión. Pensar es dudar, estar confundidos del todo.



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Abandonados en el supuesto de estar en un mundo, alienta a no responderse y siempre ser escépticos tal vez en un sentido superficial. Siempre ha existido la caracterización de un Wittgenstein nihilista, de alguien que al fin encontró que no había nada. Aún así, el juego de estar dentro del mundo le permitió descifrar que podemos caminar por allí sin antes preguntarnos por qué pongo el pie de este lado o por qué la mano está a mi derecha justificando que la duda no es algo práctico.

Decir solamente que mi ojo derecho y mi ojo izquierdo es una respuesta, es decir nada, porque esa no es la confusión. Ésta se haya en uno mismo, se muestra cuando preguntamos ¿quién soy?, ¿sabemos que esta mano y la otra…?, ¿la tierra girará dentro de un segundo?, ¿qué es conocimiento?

Preguntamos qué es conocimiento, y sin embargo conocemos. Preguntamos sobre la verdad, no sabemos qué es, pero hablamos de ella. Al respecto está la cita de San Agustín que Wittgenstein refiere en sus Investigaciones Filosóficas: Cuando me preguntan algo no sé, y cuando no, sé todo. El vienés a eso quiere llegar, a la aclaración de este tipo de cuestionamientos que muestran eso que buscamos en el fondo.

Para Wittgenstein está el vaciarnos en aclarar estas confusiones, en dudar sobre nuestro mundo. Porque allá afuera todo anda bien, las puertas se abren si tocamos y hay dentro alguien, cuando no sucede así, dejamos un recado y regresamos al otro día o ni siquiera intentamos aclarar nuestro pensamiento sobre la casa y sus habitantes. Pero sí queremos aclarar lo que pasa en nuestro mundo.

“El mundo es todo lo que es el caso”,[7] y según Wittgenstein, en el prólogo, sólo hay que comprenderlo desde nosotros mismos si nos damos cuenta de que se da todo lo que se tiene que dar, de que conocemos lo que tenemos y podemos conocer, de que sucede o no sucede. El mundo es eso, el conocimiento es el mundo y dudamos de ello.

O como aquella pregunta wittgensteiniana: “¿O es que esa aversión absoluta a utilizar aquí palabras es una especie de huída?”[8]

La duda entonces, termina siendo una parte de la respuesta a la pregunta por el conocimiento. No la respuesta discursiva y repleta de palabras, sino la respuesta real y más cercana a la verdad. Wittgenstein expresa que no podemos vernos a nosotros mismos a los ojos y contemplarnos, es necesario estar fuera del mundo para poder vernos, para poder ver el mundo, de lo contrario responderemos equivocadamente a qué es el mundo, conocimiento, etc. Mientras, sólo podremos respondernos mediante lo que se muestra, y esto sólo se alcanza por la duda pues no podemos vernos desde fuera.

Bibliografía
· John M. Heaton, Wittgenstein y el Psicoanálisis, GEDISA, España: 2004, pp. 95
· Wittgenstein L. Movimientos del pensar/Diarios 1930-1932/1936-1937 [Ed. Ilse Somavilla y Trad. Isidoro Reguera], Pre-Textos, España: 2004
· Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophico, Alianza, España: 2002, pp. 215



[1] Wittgenstein L., Tractatus, § 6.51
[2] § 4.11
[3] § 6.54
[4] Wittgenstein L., Movimientos del Pensar (12.10.31/§ 97/Pág. 66)
[5] Heaton John M., Wittgenstein y el Psicoanálisis, p. 17

[6] Ibíd. (p. 18)
[7] Wittgenstein L., Tractatus, § 1
[8] Wittgenstein L. Movimientos del Pensar, (15.02.1937/§ 173/ Pág. 109)

lunes, 23 de julio de 2007

Nota: Este escrito fue realizado con la intención de hacer un reconocimiento al pensamiento en general y al aporte que considero más importante de Wittgenstein: Mundo. Obviamente no es un trabajo en estricto sentido académico, pero sí es una reflexión personal del valor de este pensador. Es así que lo enfoco al tema del congreso para el que fue hecho: “Releyendo a Wittgenstein”. Esperando que se realice éste, trataré de releer a Wittgenstein en la actualidad, evitando los academicismos que a veces no aterrizan a la humanidad que los necesita.

Releo a Wittgenstein

Sin duda, afirmo que leo a Wittgenstein. Al autor de ese breve prólogo en el que peregrinan todas las ideas del Tractatus.

A pesar de que mis lecturas, por el momento, han estado dedicadas a esta pequeña obra (que persiste en las posteriores), parece que he leído toda la Filosofía habida y por haber.

El título del coloquio me invitó a expresar las anteriores palabras, “releyendo a Wittgenstein”, como él mismo lo dijo: “desde tu propio pensamiento”.

He dado al traste de que su Filosofía impone un límite casi imposible de rebasar por la propia Filosofía. Quiero decir, es poco probable no pensar el mundo como él.

“El mundo es todo lo que es el caso” (T. L. P. 1), señala una concepción objetiva, que se acerca a la verdad mediante reflexiones alejadas de la justificación científica o metafísica. Parece la más absurda, pero es la que los filósofos de todos los tiempos han buscado y por la cual han escrito tratados y miles de páginas sin encontrar una respuesta categórica como la que Wittgenstein dio en sólo una oración.

Respuesta que el mundo ha buscado para relacionar sus culturas sin necesidad de conflictos, integrar sus pensamientos en las infinitas responsabilidades y lenguajes que son causa de intereses individuales por los cuales Ludwig nunca peleó.

Pensamientos que él entendía como nuestro mundo, como el límite de lo que expresar se puede. No podemos pensar más allá, no podemos dar un valor de verdad a una creencia tan importante de Dios o del Ser porque eso va más allá de nuestras propias herramientas. Sin embargo, en este pensamiento se muestra todo lo místico, Dios y el Ser.

Antes de seguir la lectura, cabe aclarar que mi texto no es propio de un problema. No, porque es más interesante plantear problemas y discurrir sobre ellos que tratar de solucionar uno solo y hacer muy limitada la estructura del trabajo. Es decir, hablar de un solo tema me sería redundante, además de que tendría que hacer lo contrario a lo que el vienés hizo: Citar y pensar desde las citas.

¿Hasta dónde llega Ludwig Wittgenstein con sus proposiciones?

Rebasar los límites de lo posible es una de las intenciones ocultas en este tipo de pensamientos. Estar en el borde de lo que es uno como mundo y encontrarse con que más allá puede haber algo más, o hay algo.

La voluntad, como Wittgenstein afirmó, es aquello que posibilita rebasar los límites del pensamiento. Es encontrarse con el más allá del lenguaje, con lo que se da por llamar experiencias místicas o estar fuera de…, en un estado único fuera del mundo.

Lo más cercano a ese estado es el arte, donde la voluntad y la moral trascienden los niveles normales de existencia comunicando a otros mundos configurados por el contexto real y la creación propia del humano. Pero aún así el nivel propio de la realidad no se puede violentar, no podemos conocer con certeza lo que hay más allá de la realidad en la que estamos.

Conocemos e inventamos mundos, pero nunca realidades. La realidad virtual es un tema a discutir en este tipo de planteamientos, aunque no es nada diferente a la realidad concreta, tan sólo es una copia que trata de llegar a donde normalmente no se puede (Por ejemplo, Second Life).

Wittgenstein está conciente, entonces, de que existe sólo una realidad (por lo menos eso se muestra por la lógica). Contrario a su idea de mundos, donde existe mi mundo, tu mundo, el mundo. La realidad como aquello que existe aun a pesar de que los ojos humanos estén cerrados, el mundo como ese pensamiento individual y/o colectivo que forma culturas y conciencias.

Surge el problema protagonista de mi texto: ¿Cómo hacer que estos mundos se relacionen sin dejar de ser lo que son en su individualidad? Vemos a sujetos interfiriendo en culturas que no son propias de él, tratando de cambiar pensamientos ajenos a su contexto, haciendo maniobras en contra de quienes piensan lo contrario, coartando expresiones, en general, eliminando cualquier palabra que no convenga a su mundo.

Como mundos: ¿Por qué no podemos pensar, creer cada quien lo que quiera?

El relativismo en el que en algún momento clasificaron a Wittgenstein queda expuesto. No existe tal, el reflexionar sobre distintas culturas, pensamientos, mundos, no es otra cosa que preguntarse por la compleja maza de ideas existentes. Estar concientes por la capacidad de otros por desarrollar lo propio, además, respetar su historia y contexto espacio-temporal. (En el Tractatus no hay algo que se pueda calificar de justificaciones morales, hay proposiciones éticas, pero no instrucciones de cómo comportarse.)

Porque esa fue siempre la meta de la obra, analizar y aclarar los pensamientos, entenderlos. Y el que estos sean distintos en cuanto a lo que cada uno conoce, no significa que haya que eliminar a los que no coinciden.

La existencia del relativismo, si acaso existe en Wittgenstein, sólo se puede referir a la divergencia de pensamientos pero no a la moral del sujeto, no a la realización de sus pensamientos.

Por qué no releer también de esta forma a Ludwig Wittgenstein, donde más nos puede ayudar en la actualidad.

Releyendo a Wittgenstein

Nuestro autor fue el humano magnífico que trataba de pensar todo y expresarlo en una sola frase. No intentaba justificar nada, hacerlo derrumbaría la tarea reflexiva de la propia Filosofía y la colocaría como la juez, no como clarificadora de los pensamientos.

El autor del Tractatus, en este sentido, definió el concepto mundo. Es posible que las meditaciones sobre éste en Wittgenstein ya estén agotadas y pasadas de moda. Pero el “Mundo” indica lo contrario, cada vez desaparecen culturas y tradiciones invadidas por el poder demagógico de otras. La individualidad y aislamiento tan importante para la estructuración de una cultura evitan grandes formas de pensar. El progreso se ha vuelto negativo, por lo tanto sus efectos.

Allí reside la importancia de un filósofo como Wittgenstein, quien a pesar de su poca tolerancia, definió el Mundo como el dicho popular afirma: “Cada cabeza es un mundo”.

Por Jorge Esteban López García

lunes, 23 de abril de 2007

Respuesta

La realidad y la subjetividad

Son conceptos muy extensos los que se tratarán en este escrito, pero no lo son si se les estudia desde la filosofía wittgensteiniana. La realidad se observa como eso que sucede o no sucede, además de que ésta no depende en nada del sujeto que la conoce. Ese es un gran argumento, separar la realidad de lo que el sujeto dice. Con esto no se quiere decir que haya una realidad a parte de ésta, se dice que hay una sola realidad y que es independiente del sujeto y que sucede o no sucede estando el sujeto allí o no estando.

La subjetividad es otro tema. Pero no me gustaría tomarlo en cuenta en la Filosofía de Wittgenstein porque éste nunca le dio importancia, ya que para él sólo estaba el mundo. Aún así me permitiré, para responder a cuestionamientos que no me dejan dormir, explicar que sería subjetividad para el vienés. No la compararé con la concepción de Mundo porque el mundo es algo que se da y es posible gracias a la existencia de una realidad –jamás sucede lo contrario.

Subjetividad como se ha definido durante mucho tiempo es aquello que se conoce de manera muy particular y lo que Wittgenstein y Frege llamarían psicológico; es aquello que sólo yo puedo conocer y nadie más. No es lo universal e imperecedero que Platón descubrió. Lo subjetivo es necesariamente una imagen mental, un deseo, un capricho, un sentimiento. En términos más científicos, es lo que no es verdadero, además de que es construido en base a esos sentimientos e imágenes particulares que en cada sujeto hay.

Pienso que existe una confusión por parte del Maestro René entre lo que es la realidad y la subjetividad (Inter-subjetividad) que cree y dedujo de Wittgenstein. Ya dije qué es la realidad y cuál es la posible subjetividad que notó en el autor del Tractatus.

Me atrevo a expresar una distinción de subjetividad si hay que comparar Mundo con Subjetivo, esa igualdad podría ser que los dos se dan en la particularidad de un pensamiento, pero no significa que sean subjetivos en el sentido de que cada quien haga lo que quiera y piense lo que quiera. No es así porque hay una lógica que se da en la relación del mundo con la realidad, en la relación del sujeto con la realidad, en la relación del pensamiento con la realidad. Y esa relación no es otra que la aprehensión lógica de los objetos de la realidad en el pensamiento, respuesta que elimina la subjetividad del sentido común que rechaza la ciencia y de la que Wittgenstein jamás expresó algo, puesto que era lo que menos le interesaba: justificar la particularidad obvia de los pensamientos.

Pero quiero especular del maestro que pensó en otra idea de subjetividad, además de que confundió la realidad como eso que sucede con una realidad creada e inter-subjetiva. De la subjetividad pienso que se refiere sólo a esa construcción que se hace desde el “pensamiento” de cada uno o de una comunidad, pensamiento que no deja de ser subjetivo pero que tampoco lo es en términos de que sólo construya. Porque no construye el sujeto, sólo se basa en una realidad para decir la verdad en caso de que la quiera decir (un caso especial es la poesía, donde a pesar de que parece no ser verdadero, lo es y se basa en la realidad). No hay una realidad creada ni mucho menos inter-subjetiva, hay una y sólo una realidad, que no es lo mismo a que haya varios mundos. Y esa no es creada, sólo es.

No existe eso llamado realidad inter-subjetiva como esa construcción que se hace particularmente y que lleva a la relatividad o a la nada, no existe como el deseo de que sea así y no como los demás lo pueden pensar. Subjetividad en Wittgenstein se podría pensar como la manera en que lo pienso pero que lo pueden pensar los demás por ser una construcción lógica de la realidad en mi pensamiento y que soy capaz de pensarla de otra forma, sólo basándome en la lógica. Pero eso es mi mundo que contiene todos mis pensamientos, no usa para nada el concepto de subjetividad.

jueves, 25 de enero de 2007

Lenguaje

Otro de los muchos problemas que trata Wittgenstein es el del lenguaje, en el que observa una deficiencia o un defecto provocado por el mal uso que se le da. Al mundo lo entendemos en tanto podemos hablar de él, muestra de este discurso es el intento de dominarlo mediante muchas herramientas, entre estas la ciencia.

Para él, el lenguaje es una pintura lógica, basada, en su totalidad, en la estructura lógica de la realidad. No es exactamente que como los objetos concretos estén colocados en la realidad, también en el lenguaje sean colocados. Esta imagen pictórica de la realidad es posible en tanto cada objeto tiene una relación tal con otro objeto, en donde la subordinación de uno a otro es posible o en donde el hecho de tener una posición en la realidad permite cualificarlo y calificarlo para su explicación; es decir, de tal objeto se predica tal propiedad.

La lógica es entendida en esta explicación como las posibles conexiones de todos los estados de cosas, es entonces que de ella se puede derivar un lenguaje como el de Aristóteles o Frege, en el que se representa la lógica del mundo en la proposición. Wittgenstein refería a esta manera de explicar la lógica como la propiedad de cada objeto de conectarse con otro objeto y que viene ya predispuesto en su existencia, por lo que nada puede decirse fuera de la lógica de la realidad; o sea, no hay algo que pueda ser pensado sin la experiencia propia de la experiencia y lógica.

Aclarar el lenguaje era para Wittgenstein una tarea importante, sobre todo esclarecer las proposiciones de la ciencia fue una labor mayor para él, pues la Filosofía no ofrece conocimiento alguno, sirve para explicar las proposiciones de la ciencia. Los problemas de la Filosofía existen por esa misma confusión del lenguaje, a la que se llega por no saber identificar ese su orden lógico.

Cuando tratamos de sobrepasar los límites de nuestro conocimiento empiezan los problemas: ¿cómo hablar de lo que no se puede hablar? O ¿por qué problematizar por algo que ni siquiera sabemos si sea problema? Es decir, cuando se pregunta por Dios, se hace alusión a algo que no tiene respuesta lógica. Wittgenstein no dice que se deje de lado esa idea, expresa que no es necesario hacer un problema de esto en tanto no hay problema alguno. Ese tipo de ideas o de asuntos místicos no tienen una presentación concreta, se muestran como la fe, sin razón o voluntad alguna; son cosas que residen fuera del mundo y que sin embargo existen.