jueves, 25 de enero de 2007

Lenguaje

Otro de los muchos problemas que trata Wittgenstein es el del lenguaje, en el que observa una deficiencia o un defecto provocado por el mal uso que se le da. Al mundo lo entendemos en tanto podemos hablar de él, muestra de este discurso es el intento de dominarlo mediante muchas herramientas, entre estas la ciencia.

Para él, el lenguaje es una pintura lógica, basada, en su totalidad, en la estructura lógica de la realidad. No es exactamente que como los objetos concretos estén colocados en la realidad, también en el lenguaje sean colocados. Esta imagen pictórica de la realidad es posible en tanto cada objeto tiene una relación tal con otro objeto, en donde la subordinación de uno a otro es posible o en donde el hecho de tener una posición en la realidad permite cualificarlo y calificarlo para su explicación; es decir, de tal objeto se predica tal propiedad.

La lógica es entendida en esta explicación como las posibles conexiones de todos los estados de cosas, es entonces que de ella se puede derivar un lenguaje como el de Aristóteles o Frege, en el que se representa la lógica del mundo en la proposición. Wittgenstein refería a esta manera de explicar la lógica como la propiedad de cada objeto de conectarse con otro objeto y que viene ya predispuesto en su existencia, por lo que nada puede decirse fuera de la lógica de la realidad; o sea, no hay algo que pueda ser pensado sin la experiencia propia de la experiencia y lógica.

Aclarar el lenguaje era para Wittgenstein una tarea importante, sobre todo esclarecer las proposiciones de la ciencia fue una labor mayor para él, pues la Filosofía no ofrece conocimiento alguno, sirve para explicar las proposiciones de la ciencia. Los problemas de la Filosofía existen por esa misma confusión del lenguaje, a la que se llega por no saber identificar ese su orden lógico.

Cuando tratamos de sobrepasar los límites de nuestro conocimiento empiezan los problemas: ¿cómo hablar de lo que no se puede hablar? O ¿por qué problematizar por algo que ni siquiera sabemos si sea problema? Es decir, cuando se pregunta por Dios, se hace alusión a algo que no tiene respuesta lógica. Wittgenstein no dice que se deje de lado esa idea, expresa que no es necesario hacer un problema de esto en tanto no hay problema alguno. Ese tipo de ideas o de asuntos místicos no tienen una presentación concreta, se muestran como la fe, sin razón o voluntad alguna; son cosas que residen fuera del mundo y que sin embargo existen.

martes, 16 de enero de 2007

Mundo

Ludwig Wittgenstein

La forma de comprender el Mundo de este filósofo es eternamente adecuada. Para lo que se ha vivido y para lo se vive. Con la sencillez de sus aforismos acerca a una visión casi verdadera, casi real; digamos, la que más se acerca a lo que de la Realidad se vive, a lo que del Mundo se muestra.

Soy de los que creen que para entender toda la Filosofía de alguien es necesario entender su definición de Mundo y su definición de Realidad. Del primero, porque es lo que se vive, lo que vivimos individualmente o como colectividad; del segundo, porque nos permite conocer lo anterior y por lo tanto adecuarnos a esa idea de nosotros mismo en el todo infinito.

“El mundo es todo lo que es el caso”, más que explicar muestra, desde el pensamiento de cada uno, lo que es el mundo. Eso que es y no necesita más explicación que la de la vida misma. ¿Hay más qué decir de algo que se define por sí mismo? La metáfora, no poética, se puede trasladar a la insistente pregunta por qué o qué es, donde Wittgenstein diría: Hay que estar fuera para responder. Cómo responder desde dentro algo que nos pertenece, cómo me veo a mi mismo para explicarme.

La ciencia responde a todo lo que está fuera de su mismo cuerpo, pero no lo que dentro de ella crece. Es decir, en otra metáfora muy simple, si me pregunto: ¿Qué soy? Mi pregunta se basará en la perspectiva que tienen de mi los otros, a su vez, en lo que yo pienso de ellos. Pregunta que se responde desde fuera.

La otra cuestión que va implícita en ese primer aforismo de Wittgenstein es: ¿Para qué preguntarse por el qué es si tan sólo lo dejamos ser sin ponerlo en duda, sin quererse plantear una respuesta científica o de cualquier otra forma? Wittgenstein aclara con esto que la pregunta está mal planteada, que la respuesta que se espera no es la correcta y que el sentido de la vida reside fuera de este mundo, no dentro, “porque si residiera dentro no tendría sentido”.

No queda claro por qué se dice esto último del sentido. Me gusta poner la imagen del ajedrez para aclarar esto, aunque no quede del todo despejado. En el tablero de ajedrez hay 32 piezas, cada una tiene su función dentro del tablero; a su vez hay 64 cuadros los cuales representan el mundo. Este juego en sí mismo no tiene un sentido, sino hasta que se le ve desde fuera. Digamos que en lugar de fichas hay humanos, cada uno de los cuales sabe cuál función desempeñar, además de que conforme avanza el juego va observando sus posibles movimientos. Si cada uno de esos sujetos supiera cuál es el sentido del juego en general y el individual, para qué jugar, qué sentido tiene jugar sabiendo de antemano el resultado. No hay sentido.

Es entonces que el sentido del mundo reside fuera, en lo que no obtenemos. Mundo es todo aquello que percibimos, lo que conocemos y sabemos, es la composición de los pensamientos que captamos, el pensar mismo y la expresión de estos mediante el lenguaje. La famosa proposición que reza así: El lenguaje es el límite de nuestro mundo.

Dos tipos de concepción de mundo se presentan entonces, el general, el que compartimos todos como sociedad de conocimiento y el individual, el que acusó a Wittgenstein de solipsista. Los dos están determinados por las mismas características en cuanto a pensamientos, pensar, conocimientos y lenguaje. De esta forma, la explicación de mundo se hace posible.

Vemos al mundo desde nuestro mundo. La realidad es a parte, como aquello que sucede con o sin nosotros, eso que es verdad y pura verdad, la única. En el mundo se congregan las cosas que suceden. La realidad no está determinada por nuestro mundo, sino por ella misma.

Esto, al parecer, es en definitiva lo que puedo decir hasta ahora del mundo que explica Wittgenstein. Pero más allá, es lo que este autor me ha hecho comprender de mundo, lo haya dicho así o de otra forma.