Zosimo Romancero
Irse siempre es hacer algo diferente, reconocer que nunca se estuvo o sólo decir que nunca se debe estar. Puede significar matar un pasado para armar otro que siempre es importante porque lo nuevo lo es. Todo es parte de la vida.
Se van, todos nos vamos a diario hacia lugar alguno. Dejamos esos recuerdos, pero también quiénes nos recuerdan. No lo sabemos, en realidad no y es difícil tratar de adivinar si lo hacen o no.
Tristemente se tienen que aceptar todas las posibilidades, aún las más dolorosas, las que hacen daño, las que intentan matar esos mismos recuerdos. Tal vez nunca nos recuerden o tal vez nunca seamos “recordadores”.
Quisiera inventar una cita, tal vez de un gran escritor llamado Zosimo, la leí en algún libro, me parece que dice: “Te recuerdo todos los días, pero tengo miedo de que tu no lo hagas. Mi memoria está repleta de ti, de lo que eres y de tu rostro que nace de la sonrisa escandalosa de un viento metafísico que nunca conocí tan bien. (Eso me recuerda a las preguntas y respuestas, nunca se revela absolutamente la verdad.) Te recuerdo porque hiciste que te recordara, consciente o inconsciente, hiciste que te evoque como a nadie y a eso le llamo amor.” (Salmos de amor y romance, Libro II, § 1, pag. 346) Cita en la que este gran autor, desconocido para la mayoría del mundo, describe la naturaleza de un bello recuerdo, su causa y sus efectos; a la vez su incomprensión que está tan escondida en lo que aparente ser comprendido.
Zosimo tiene otras citas que son precisas describiendo sentimientos como este, se sabe que él amó a una gran mujer, nunca pudo precisar más que amistad de ella, entre él y ella se colocaba un obstáculo. Éste hizo que la duda le sembrara ideas negativas no sobre ella, sobre la relación sentimental que nunca pasó más allá de algo sensible –por decirlo así-, sino que llegó a ser de amistad profunda. Sobre todo para él, quien la buscaba siempre en sus recuerdos más cabrones, pero todo el tiempo tuvo el velo de la confusión sobre lo que pensaba ella.
Esta cita es muy clara con respecto a lo anterior: “Amé dudando, pero contemplando que amé y que hice lo permisible para que ella diera alguna señal fuerte, amé sin dañar lo que ella deseaba. Sólo amé.” Cuán fuerte es el amor y cuán fuerte es respetar el amor de alguien, ahí reside la duda, la confusión y el dolor.
Obviamente es una forma de pensar muy romántica, pero es el amor más verdadero de alguien hacia alguien. Sacrificar el amor propio por el que tal vez nunca te perteneció. Kieerkegard supo de esto, Van Gogh lo supo, muchos lo saben y sólo se trata de comprender estos romances tan grandes de la vida.
Se van, todos nos vamos a diario hacia lugar alguno. Dejamos esos recuerdos, pero también quiénes nos recuerdan. No lo sabemos, en realidad no y es difícil tratar de adivinar si lo hacen o no.
Tristemente se tienen que aceptar todas las posibilidades, aún las más dolorosas, las que hacen daño, las que intentan matar esos mismos recuerdos. Tal vez nunca nos recuerden o tal vez nunca seamos “recordadores”.
Quisiera inventar una cita, tal vez de un gran escritor llamado Zosimo, la leí en algún libro, me parece que dice: “Te recuerdo todos los días, pero tengo miedo de que tu no lo hagas. Mi memoria está repleta de ti, de lo que eres y de tu rostro que nace de la sonrisa escandalosa de un viento metafísico que nunca conocí tan bien. (Eso me recuerda a las preguntas y respuestas, nunca se revela absolutamente la verdad.) Te recuerdo porque hiciste que te recordara, consciente o inconsciente, hiciste que te evoque como a nadie y a eso le llamo amor.” (Salmos de amor y romance, Libro II, § 1, pag. 346) Cita en la que este gran autor, desconocido para la mayoría del mundo, describe la naturaleza de un bello recuerdo, su causa y sus efectos; a la vez su incomprensión que está tan escondida en lo que aparente ser comprendido.
Zosimo tiene otras citas que son precisas describiendo sentimientos como este, se sabe que él amó a una gran mujer, nunca pudo precisar más que amistad de ella, entre él y ella se colocaba un obstáculo. Éste hizo que la duda le sembrara ideas negativas no sobre ella, sobre la relación sentimental que nunca pasó más allá de algo sensible –por decirlo así-, sino que llegó a ser de amistad profunda. Sobre todo para él, quien la buscaba siempre en sus recuerdos más cabrones, pero todo el tiempo tuvo el velo de la confusión sobre lo que pensaba ella.
Esta cita es muy clara con respecto a lo anterior: “Amé dudando, pero contemplando que amé y que hice lo permisible para que ella diera alguna señal fuerte, amé sin dañar lo que ella deseaba. Sólo amé.” Cuán fuerte es el amor y cuán fuerte es respetar el amor de alguien, ahí reside la duda, la confusión y el dolor.
Obviamente es una forma de pensar muy romántica, pero es el amor más verdadero de alguien hacia alguien. Sacrificar el amor propio por el que tal vez nunca te perteneció. Kieerkegard supo de esto, Van Gogh lo supo, muchos lo saben y sólo se trata de comprender estos romances tan grandes de la vida.
